sábado, 28 de agosto de 2010

La injusticia de la vida

Ahora que estoy en periodo de exámenes, es cuando mas tiempo paso en vacío y más me da por reflexionar. Por ello estoy ahora aquí escribiendo, aprovechando un momento de inspiración antes de que se desvanezca.

Desde que nací, lo primero y único que he buscado en esta vida es la felicidad. Puede que suene muy idílico, pero es cierto. En cada detalle de mi vida no busco nada más que no sea ser feliz: en mi familia, en mis amigos, en el deporte, en todo aquello en general que me gusta y aprecio es donde encuentro la felicidad. Hoy en dia puedo presumir de que, si no soy feliz, estoy a punto de serlo.
Para mí el pesimismo es lo último, siempre me gusta ver el vaso medio lleno, pero sin sobredosis de ningún tipo, es decir, nunca hay que ser demasiado optimista.

Principalmente quería destacar, que la felicidad por tanto, es el objetivo a seguir. Es lo que debemos buscar en nuestras vidas. Y aquí llega mi reflexión.

Desde pequeños, entramos al "cole". Allí nos enseñan a estudiar y nos habitúan a ello, a parte de buscar una educación para nosotros para el futuro. Todo esto pinta muy bien, hasta el momento que nos damos cuenta, de que una vez hemos entrado, nunca podemos salir.
El colegio es el principio de una etapa que dura casi toda nuestra vida, en la cual se nos considera máquinas. Colegio, instituto y universidad (o títulos alternativos) son una especie de periodo de formación, para finalmente llegar a un periodo: el trabajo.
Cuando trabajamos, somos máquinas productoras. Nuestra finalidad es explotarnos para aportar un beneficio a un sistema. Un sistema que lo engloba todo, que es el que nos gobierna, y el que nos coacciona para que sigamos aportando beneficios. Beneficios de los que cogemos una ínfima parte.

Nosotros posteriormente caemos en la trampa e introducimos a nuestros hijos en este mundo de explotación "tolerada".
No soy un vago por estar en contra de esta clase de trabajo. De hecho, no estoy en contra del trabajo para nada. Pienso que si alguien desea sacar algo adelante, ésto se realizará con trabajo constante y permanente: siempre hay que sudar para conseguir lo que uno se propone.

Sin embargo estoy en contra de esta sociedad, en el sentido de que, ¿qué tiempo nos queda para ser felices?

Cuando somos pequeños disponemos de unos escasos tres meses de vacaciones, cosa que no me parece nada bien, la vida es única y hay que disfrutar el tiempo lo máximo posible.
Sin embargo cuando somos mayores, el problema es aún mayor: sólo disponemos (en la mayoría de los oficios) de un mes de trabajo. Por cada año tenemos un mes para nosotros mismos. ¿Es esa la herencia de tiempo que queremos? Yo por supuesto no.
Sinceramente, todo esto, unido al estrés, al agotamiento causado por el exceso de trabajo y demás perjuicios, son los causantes de que no podamos gozar de una vida plena. Son los causantes de que el día de nuestra muerte no podamos decir: "puedo morir tranquilo".

Soy partidario de abandonar el sistema, pero "ellos" no son para nada despistados.
Todo está ideado única y exclusivamente para que todo aquel que no quiera formar parte del sistema no forme parte de nada. Pongo un ejemplo. Si queremos salir de esta sociedad, ¿dónde o de qué vamos a vivir? El dinero mueve el mundo, sin dinero no puedes ni tan siquiera sobrevivir hoy día.

Por supuesto, en conclusión, al tener que formar parte de esta sociedad y venir lo que se me viene encima, no me queda otra que sufrir en silencio, como aquellos millones de personas que habitan en este mundo y que también son o serán engranajes de este sistema.

Examen a examen voy sellando mi destino. La pregunta es: ¿podré seguir siendo feliz como dificultosamente he conseguido ser hasta ahora?

No hay comentarios: