sábado, 29 de septiembre de 2012

Noche de abrazos

“La noche estaba ya bien cerrada, y los tenía a todos frente a mí. A todos y a cada uno de ellos. Únicamente unas antorchas nos alumbraban a todos en aquella playa para que pudiéramos vernos las caras. Entonces se fueron acercando. Uno a uno los fui abrazando. Sentí millones de sensaciones, todas diferentes: personas que tenían miedo, personas que necesitaban urgentemente un contacto humano, personas que tenían amor de sobra para dar, personas valientes, personas que sufrían y lloraban en mis hombros.
Esa noche lo sentí todo. Fui abrazando a todos uno por uno, y sentía todas esas cosas. Esa noche me fundí con todos ellos. Vi la cara buena de cada persona, la cara limpia, aquella que es independiente de toda maldad, odio o envidia. Sentía a las personas como realmente eran. Abrazos cálidos y sentidos que podían durar desde segundos hasta casi horas.
Mientras abrazaba a las personas me iba haciendo más fuerte yo en mi mismo. Creía más en el ser humano. Todas esas almas se necesitaban las unas a los otras.
Dediqué todo el tiempo que hizo falta. Esa noche todos éramos uno y no podía dejarla pasar.
Finalmente cuando ya había abrazado a todos, me di la vuelta, los volví a mirar y les sonreí. Más tarde desperté. Sólo era un sueño. Puede que la mejor de las realidades sea la que uno mismo se imagina, pero siempre que me acuesto vuelvo a pensar en esa mágica noche que sólo existía en mi cabeza. Porque fue la noche en la que abracé a la humanidad.”

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