jueves, 28 de febrero de 2013

La electrónica y la mente humana


Este es un tema del que prometí que os iba a hablar en mi cuenta de twitter. Me ha parecido muy interesante (he estado leyendo del tema) y os voy a contar por encima las ideas de esta estrecha relación.

Supongo que sería más adecuado empezar por el principio. La electrónica como tal, nació en 1904 con la invención del diodo de vacío (o válvula de vacío) que consistía en un par de terminales en el interior de una válvula de cristal dentro de la cual se creaba el vacío. Esta válvula dejó de utilizarse posteriormente con la aparición de los transistores, que cumplían el mismo efecto con mayor precisión, mucho menor consumo (ínfimo) y menor tamaño. Con el tiempo los transistores irían siendo mucho menores, del orden de la millonésima parte de metro.

Pero el tema no es este, simplemente es una introducción. Lo fascinante de todo esto es el objetivo que desde un principio se planteó la electrónica: imitar la mente humana.
Es algo increíble que el razonamiento humano se pueda reducir al álgebra de Boole. Para quien no sepa de qué se trata esto, el álgebra de Boole consiste en un conjunto con dos elementos (a los que en electrónica se les ha asignado el 0 y el 1) tales que cumplen una serie de propiedades con respecto a dos operadores (+,*). No vamos a entrar en esto pero la idea en sí es escalofriante: con todo lo compleja que puede llegar a ser la mente humana, podemos reducirla a la combinación y operación de dos elementos: el 0 y el 1.

Desde un comienzo el objetivo de los computadores fue imitar la mente humana. Poco a poco la humanidad ha ido avanzando en este objetivo consiguiendo grandes progresos, por ejemplo, a día de hoy el número de transistores que tiene un ordenador personal es ya mayor que el número de neuronas medio de una persona.

Pero, si tenemos menos neuronas que transistores tienen los procesadores, ¿por qué los ordenadores no tienen autonomía o simplemente no son superiores ya a nosotros? Pues la respuesta a esta pregunta necesita de la definición de una nueva “idea” o concepto: la inteligencia artificial (IA).
Muchos habremos oído hablar de la inteligencia artificial, pero no todos saben con exactitud lo que es la inteligencia artificial. Muchos creen que la inteligencia artificial no existe o que no se va a llegar a poder lograr. Todos estos conceptos que tengáis asimilados de la inteligencia debéis borrarlos, porque la inteligencia sí se ha logrado en los computadores.

Dentro de los niveles del raciocinio se distinguen dos (quizás los mayores) que son, por este orden, la inteligencia y la conciencia. He ahí la diferencia entre humanos y máquinas, nosotros hemos llegado a este último nivel, mientras que ellas no. La inteligencia es la capacidad de aprender (de generar información) mediante estímulos externos. Mientras que la conciencia es inteligencia autónoma, es decir, no existe la necesidad de un agente externo que introduzca estos estímulos externos que originan el aprendizaje.
Buena prueba (y además nos será útil como ejemplo para entender esta diferencia) es el conocido Deep Blue. Deep Blue era la máquina diseñada por IBM que se enfrentó a Kasparov en una partida de ajedrez para observar a qué punto se había llegado en el desarrollo de la inteligencia artificial. Bien, pues esta maquinita derrotó a Kasparov a pesar de que éste tuviera una serie de factores a favor al comienzo de la partida. La diferencia entre hombre y máquina era evidente, la inteligencia humana había sido superada por la de un computador. Pero, ¿cómo definimos la inteligencia de Deep Blue por ejemplo? Pues es sencillo, Deep Blue recibió una inteligencia por parte de IBM con la cual era capaz de estudiar los movimientos de Kasparov y registrarlos en su memoria para aprender cosas nuevas, es decir, a medida que Kasparov ejercía más jugadas iba registrando las jugadas y cada vez las probabilidades de éxito del jugador eran mucho menores. Se trata de un sistema realimentado mediante el cual la computadora por sí sola siempre iba aprendiendo algo más y almacenaba información en su memoria para luego acceder a ella en jugadas posteriores y saber con total precisión qué debía hacer para obtener mayor éxito.

Pero si Deep Blue una vez programada aprendía solo, ¿por qué no se considera a esto conciencia? Debemos saber que Deep Blue fue programada por IBM para ir aprendiendo de los movimientos de Kasparov pero por ejemplo, no era capaz de aprenderse el color de la ropa que llevaba puesta el jugador o ni tan siquiera la velocidad con la que movía las piezas. Para que la computadora pudiera aprender todo esto es necesaria una intervención externa, de los programadores en este caso, que le introdujeran un programa para estudiar la velocidad de sus movimientos o el color de su ropa y aprender de todo esto.
Creo que con esto queda bastante clara la diferencia entre inteligencia y consciencia. La consciencia, facultad humana exclusivamente hasta el momento, es un sistema que se retroalimenta igualmente con la salvedad de que no necesitamos que un “programador” externo nos introduzca nuevas maneras de utilizar la inteligencia.

Por tanto, por potentes que estén llegando a ser los computadores, carecen de esta facultad que es lo que haría que fueran seres autónomos en lugar de depender de nosotros.
También resulta increíble toda la electrónica en sí. El hecho de que, con los dos sencillos dígitos con los que se puede simular el razonamiento humano, hayamos evolucionado tanto en una materia tan explotable como es la electrónica es asombroso. Antaño, los primeros computadores que se desarrollaron, como el ENIAC, considerado el primero de la historia, ocupaban plantas industriales enteras y consumían tanto que era necesario apagar momentáneamente las ciudades donde se albergaban para cumplir con la demanda energética que solicitaban en su arranque.

A día de hoy, los ordenadores personales ocupan un rinconcito de nuestras mesas y son del orden del millón de veces más potentes que estas máquinas de antaño, consumiendo por supuesto bastante menos. Vaya, que yo sepa ningún ordenador portátil necesita apagar ninguna ciudad para encenderse, ¿no?
Desde luego será emocionante sentarse a ver esta evolución durante los años que viva uno, quién sabe hasta dónde podemos llegar. A día de hoy todo el mundo cree que ya está todo inventado y que ya no hay progreso en nada. Pero la electrónica está teniendo unos avances bestiales y además es nuestro futuro. Puede que a día de hoy con la situación económica que nos rodea estemos un poco limitados de medios para invertir en I+D pero aún así los progresos siguen siendo desorbitados. No hay más que ver los smartphones, que aunque estemos muy acostumbrados a ellos ya y no nos lleguen a sorprender, realmente son más increíbles de lo que creemos por lo que se ha conseguido comprimir en un espacio físico tan pequeño. Por ejemplo los ordenadores de hace 10 años tenían peores procesadores que los smartphones potentes de hoy en día, ¿no es eso algo tan alucinante como la comparación que hacíamos antes?

Volviendo al tema de la relación electrónica-mente humana, deberíamos comenzar a plantearnos una duda. ¿Llegaremos a simular la consciencia tarde o temprano? De ser así creo que no cabe ninguna duda que podíamos llegar a crear una especie nueva nosotros mismos. Con capacidades bastante superiores a las nuestras, esto podría llegar a ser un peligro. No cabe duda que mientras sólo avancemos en la inteligencia esto no puede llegar a crearnos peligro ya que todo lo que queramos que aprendan estará en nuestra mano. Creando un ser autónomo en cambio, quién sabe lo que puede llegarnos a ocurrir. En el mejor de los casos seríamos domesticados por ellos, por absurdo que pueda parecer ahora.

No nos podemos olvidar de las leyes de la robótica escritas por Isaac Asimov, que son las siguientes:
  1. Un robot no puede causar daño a un ser humano ni, por omisión, permitir que un ser humano sufra daños.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, salvo cuando tales órdenes entren en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot ha de proteger su existencia, siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Con lo cual, cabe que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿creando consciencia podríamos llegar a crear seres que cumplieran estas leyes? Deberíamos reflexionar sobre el tema antes de llegar a más avances en estos ámbitos, ya que podría ser peligroso.

Bueno, con esto me despido, espero que os haya gustado este artículo y que os haga pensar.

Salu2






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